2.2 EDE
Muchos nos profetizaron crecimiento, puertas abiertas, gente que vendrá de diferentes países, pruebas y todo eso; ¡pero nadie nos pudo explicar lo que sería vivir todos juntos en la misma casa! La personalidad de esta base la estamos conociendo y construyendo nosotros mismos al caminar, en amor, y más amor.
Mientras nos alegrábamos de recibir noticias sobre la provisión de Dios para los boletos del staff y la estudiante de Brasil, compartíamos la mesa cada día con el pastor Samuel, quien nos hacía siempre crecer en la fe con sus historias de vida y la forma en que se lleva con El Rey; su risa llenó de alegría nuestra casa, y sus conversaciones nos animaron a seguir sembrando lo que queremos cosechar aquí.
En pocos días ya nos parece que ser pioneros es mucho más que cimentar durante años las bases para abrir camino y comenzar, es por fin comenzar y entonces seguir abriendo camino, a veces esto es muy cansado, a veces es verdad que parece que todo perfecto, pero a veces parece también que tienes que doblarte tanto y renunciar de tal manera a lo que nunca serías capaz de dejar ir bajo otras circunstancias, que algo dentro de ti se transforma para siempre.
Entre los grandes retos de la primera semana, los cambios de vida, conocer y amar a las increíbles personas con las que ahora vivimos día, noche y madrugada, los ajustes culturales y el disfrute de estar convencidos hasta el hueso de que Dios nos ha llamado a este tiempo; llegó el sábado y con él nuestra tercera alumna, que vino desde Oaxaca, ¡con una provisión de tlayudas bajo el brazo!
Sin embargo en el aeropuerto nos quedamos esperando a la familia y la estudiante, que faltaban de Brasil, porque a pesar de estar casi dos días en el país, no los dejaron pasar y no logramos hacer que entraran; ellos están de regreso en su país pero ni ellos ni nosotros, ni algunos amigos que han decidido apoyarlos, nos daremos por vencidos y sabemos que pronto serán parte de nuestra casa, porque parte de nuestro corazón y de nuestra familia ya son.
Durante toda la semana, mientras convivíamos con nuestra amada familia brasileña de estudiantes, y perseverábamos unidos en la oración y en mantener la mirada en Dios, algo que resultó muy claro fue y seguirá siendo que si estamos aquí, si dijimos que sí, es por amor a Jesús, y por su amor por gente que aún ni conocemos, por la gente a la que iremos, la gente que vendrá, y por esta ciudad.
Somos transformados mientras contemplamos a Jesús y permanecemos en unidad, y esa es la mejor vida por vivir.







No hay comentarios:
Publicar un comentario