martes, 5 de marzo de 2019
Llegaron los de consejería (o Sanidad Interior y Corazón Paternal de Dios).
Caminar con Dios es en apariencia algo arriesgado, en lo práctico es aventado, en la idea alocado.
La verdad es que por más que la gente lo cuente, no hay forma de saberlo hasta que decides vivir así, confiando en Él, sin plan B.
Todo lo que vas necesitando en el camino, Él lo da, todo lo que estorba para que Él esté cerca de ti, se puede ir si estás dispuesto; todo lo que quieres esconder o de lo que te escondes, sale a la luz.
Eres libre.
Y un día te das cuenta de que no se trata de ti; que tu relación con Dios es más real, más profunda, más cercana que sólo alzar los ojos al cielo y ver cómo suceden los milagros. Él está ahí, siempre, como un enamorado en el que piensas día y noche, que te piensa y se acerca, muy cerca, y dice "ven".
No, no se trata de ti, es como el sueño de alguien a quien amas, es como ese sueño volviéndose tuyo porque lo abrazas y ya no es de dos, sino de uno; si en el camino miras a Jesús, todo tiene sentido, entiendes lo que nunca habías entendido y lo que no, se va revelando delante de ti mientras más descansas tu corazón en casa, y amas al que tiene la respuesta. Él.
Él es.
La satisfacción y la paz son dos conceptos que mantienen hambriento al mundo entero, intentando alcanzarlo, consumiendo, destruyendo; pero se trata de Él; cómo lo van a entender ellos si nosotros no lo entendemos, y si lo entiendes que tiemble la oscuridad.
Se trata de Jesús y al mismo tiempo en Él lo tienes todo, incluso en momentos cuando según algunas personas "no tienes nada."
Durante la semana tres y cuatro de la EDE, en las clases de Sanidad Interior y Corazón Paternal de Dios, recibimos a personas de la escuela de Consejería de CDMX y de Monterrey, que llenaron de amor nuestra casa; de sanidad, de satisfacción en Dios.
Sabemos que al mismo tiempo que Él nos mostró su perfecto y hermoso amor a través de ellos, llenando de regalos nuestros corazones, nosotros podremos hacer también lo mismo por otros, en todos los lugares a los que vayamos, y con todas las capacidades de las que el Espíritu Santo nos ha dotado.
Se trata de Él, y de un mundo al que Él ama tanto como nos ama a nosotros; sus hijos.
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